ATAHUALPA
YUPANQUI
Atahualpa Yupanqui es el mayor referente de la música folklórica
argentina. Compositor, guitarrista, cantante y escritor, ha dejado una
obra cuyo conocimiento es esencial para acercarse al paisaje musical
argentino, así como a sus costumbres, su entonación y su memoria.
Profundo conocedor del interior de la Argentina, así como también hombre
de amplia cultura universal, supo abordar tanto los temas simples de la
sufrida vida rural, como adentrarse en los enigmas e interrogantes que
plantea el universo. Y sin salirse nunca de las sencillas formas de la
copla y de la canción popular. Encontraremos así en su obra las
preguntas que asaltan al pensador durante las noches de desvelo, la
soledad, las quejas del pobre carente de trabajo, la dura vida del hombre
de campo, los paisajes del Tucumán y de otras provincias argentinas, la
evocación de diversos personajes camperos y algunos momentos autobiográficos,
entre muchos otros temas.
Las formas musicales a las que recurre con mayor frecuencia son
la milonga, la zamba, la chacarera, la canción norteña y la vidala.


Entre sus canciones más conocidas podemos citar: Viene
clareando, El arriero, Zamba del grillo, La añera, La pobrecita, Milonga
del peón de campo, Camino del indio, Chacarera de las piedras, Recuerdos
del Portezuelo, El alazán, Indiecito dormido, El aromo, Le tengo rabia al
silencio, Piedra y camino, Luna Tucumana, Los ejes de mi carreta, Sin
caballo y en Montiel, Cachilo dormido, Tú que puedes vuélvete, así como
también el extenso relato por milonga El payador perseguido.
De cualquier manera, no hay que
olvidar que esta selección es apenas una muestra de un cancionero de gran
extensión y calidad, y al que uno puede acercarse a través de cualquiera
de sus obras.
Para completar este breve
panorama proponemos una segunda serie de canciones para quien esté
interesado en conocer más profundamente la obra de Yupanqui: Milonga del
solitario, Las coplas de baguala del Valle Calchaquí, El poeta, El
promesante, Canción de los horneros, Guitarra dímelo tú, Tierra
querida, La viajerita, Lloran las ramas del viento, Huajra, Cruz del sur,
Adiós Tucumán, La estancia vieja, Caminito español, Las preguntitas,
Los hermanos, La colorada, Pago viejo, Nostalgias tucumanas, etc., etc.

APUNTES BIOGRAFICOS
Nació en 1908 en la Provincia de Buenos Aires, Partido de
Pergamino. Su verdadero nombre fue Héctor Roberto Chavero. Durante la
adolescencia adoptaría el seudónimo que lo acompañaría para siempre y
por el cual todos lo hemos conocido: Atahualpa Yupanqui.
Entre sus antepasados se
encuentran indios, criollos y vascos: "En aquellos pagos del
Pergamino nací, para sumarme a la parentela de los Chavero del lejano
Loreto santiagueño, de Villa Mercedes de San Luis, de la ruinosa capilla
serrana de Alta Gracia. Me galopaban en la sangre trescientos años de América,
desde que don Diego Abad Martín Chavero llegó para abatir quebrachos y
algarrobos y hacer puertas y columnas para iglesias y capillas
(...) Por el lado materno vengo de Regino Haram, de Guipúzcoa,
quien se planta en medio de la pampa, levanta su casona, y acerca a su
vida a los Guevaras, a los Collazo, gentes 'muy de antes' ..."
("El canto del viento", I ).

Los primeros años de su infancia
transcurren en Roca, pueblo de la provincia de Buenos Aires donde su padre
trabaja en el ferrocarril.
Allí sus días transcurren entre los asombros y revelaciones que le
brinda la vida rural y el maravilloso descubrimiento del mundo de la música,
al que se acerca a través del canto de los paisanos y el sonido de sus
guitarras: "... mientras a lo largo de los campos se extendía la
sombra del crepúsculo, las guitarras de la pampa comenzaban su antigua
brujería, tejiendo una red de emociones y recuerdos con asuntos
inolvidables. Eran estilos de serenos compases, de un claro y
nostálgico discurso, en el que cabían todas las palabras que inspirara
la llanura infinita, su trebolar, su monte, el solitario ombú, el galope
de los potros, las cosas del amor ausente. Eran milongas pausadas, en el
tono de do mayor o mi menor, modos utilizados por los paisanos para decir
las cosas objetivas, para narrar con tono lírico los sucesos de la pampa.
El canto era la única voz en la penumbra (...) Así, en infinitas tardes,
fui penetrando en el canto de la llanura, gracias a esos paisanos. Ellos
fueron mis maestros. Ellos, y luego multitud de paisanos que la vida me
fue arrimando con el tiempo. Cada cual tenía 'su' estilo. Cada cual
expresaba, tocando o cantando, los asuntos que la pampa le dictaba"
("El canto del viento", I).
Y la guitarra será un amor
constante a lo largo de toda su vida. Luego de un breve y fracasado
intento con el violín, comienza a tomar clases de guitarra con el maestro
Bautista Almirón, y allí queda marcado a fuego su destino y su vocación.
Descubre, además, la existencia de un vasto repertorio que excedía los
temas gauchescos.
"Muchas mañanas, la
guitarra de Bautista Almirón llenaba la casa y los rosales del patio con
los preludios de Fernando Sor, de Costes, con las acuarelas prodigiosas de
Albeniz, Granados, con Tárrega, maestro de maestros, con las
transcripciones de Pujol, con Schubert, Liszt, Beethoven, Bach, Schumann.
Toda la literatura guitarrística pasaba por la oscura guitarra del
maestro Almirón, como derramando bendiciones sobre el mundo nuevo de un
muchacho del campo, que penetraba en un continente encantado, sintiendo
que esa música, en su corazón, se tornaba tan sagrada que igualaba en
virtud al cantar solitario de los gauchos" ("El canto del
viento", II).
Sus estudios no pudieron ser
constantes ni completos, por diversos motivos: falta de dinero, estudios
de otra índole, traslados familiares o giras de concierto del maestro
Almirón, pero como él mismo señala estaba el signo impreso en su alma,
y ya no habría otro mundo que ése: ¡ La Guitarra !.
"La guitarra con toda su luz, con todas las penas y los caminos, y
las dudas. ¡ La guitarra con su llanto y su aurora, hermana de mi sangre
y mi desvelo, para siempre !" ("El canto del viento", II).

Cuenta con 9 años cuando su
familia viaja al Tucumán, provincia a la que volverá repetidas veces a
lo largo de su vida, y a la cual lo une un profundo afecto. En el terreno
musical, describe este lugar como "el reino de las zambas más lindas
de la tierra". Muchas canciones suyas han sido dedicadas al Tucumán
o han evocado su gente y sus parajes: la famosísima "Luna
tucumana", "Nostalgias tucumanas", "Adiós Tucumán",
"Zamba del grillo", "La tucumanita", "La
pobrecita", "La raqueña", etc.
Durante su adolescencia regresa a la provincia de Buenos Aires, a Junín.
A partir de los 18 años inicia un peregrinaje casi constante, que lo
llevará por los más diversos lugares: la ciudad de Buenos Aires, Entre Ríos,
el Uruguay, Santa fe, Rosario, Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán,
Salta, Jujuy, La Puna, La Rioja, etc.
Como señala Felix Luna, durante
mucho tiempo resulta imposible seguir en detalle su itinerario: "Son
años y años de andar de aquí para allá, pasando a veces por un pueblo
u otro, deteniéndose otras veces por años en cualquier lugar"
("Atahualpa Yupanqui", pág. 36).
En esos años de adolescencia y
juventud, además de su trabajo como músico, se desempeña en distintos
oficios para ganarse la vida. Fue así, entre otras cosas, hachero,
arriero, cargador de carbón, entregador de telegramas, oficial de
escribanía, corrector de pruebas y periodista.
También fue común, durante esos
primeros años, que recorriera junto con un amigo distintos pueblos del
interior proyectando películas en una sábana que utilizaban como
pantalla. Terminada la película, venía el concierto de guitarra a cargo
de Atahualpa.
Por esas vueltas que tiene la
vida, encontrándose en la ciudad de Rosario, donde se desempeñaba como
periodista en un diario dirigido por Manolo Rodriguez Araya, le llegó la
noticia de la muerte de su maestro de guitarra, Bautista Almirón, y el
encargo del director del diario de escribir una crónica sobre su
fallecimiento. Escuchemos el doloroso relato de Yupanqui: "Sentado
frente a una máquina de escribir, rodeado de muchachos que trabajaban
cada cual su tema, que gritaban cosas y nombres y deportes, y telefoneaban
afiebradamente, estaba mi corazón desolado. ¡ Y tan lejos de ahí !.
¡Qué selva de guitarras enlutadas contemplaban mis ojos en la
noche!
El destino quiso que fuera yo, aquel chango lleno de pampa y
timidez, quien escribiera una semblanza del maestro.
De un tirón, como si me hubiera abierto las venas, me desangré en
la crónica. Hablé de su capa azul y su chambergo, de su guitarra y de su
estampa de músico romántico, sólo comparable a Agustín Barrios en el
sueño y el impulso.
(...) Y luego caminé, no sé por dónde, en la ciudad desconocida.
Revivía uno a uno, los detalles de mi conocimiento del maestro Almirón.
Tenía necesidad de nombrarlo para mí solo en la noche. Y no me animé a
verlo muerto. Quiero creer que sigue por ahí, trajinando mundo con su
capa y su guitarra y su arrogancia" ("El canto del viento",
IV).

Hacia fines de la década del '30
comienza a efectuar sus primeras grabaciones difundiendo, también, su
propio cancionero. Registra así, para el sello RCA Victor numerosos
cantos y danzas, como "La zamba del cañaveral", "La
andariega", La arribeña", "La churqueña",
"Tierra Jujeña", "Kaluyo de Huascar", "Viento,
viento", "Camino de los valles", "Cañada Honda",
"La viajerita", "La raqueña", etc. (Fernando Boasso -
"Tierra que anda ..." , pág. 42/43).
En la década del '40 suma a su
actividad como compositor e intérprete la de escritor, publicando sus dos
primeros libros: "Piedra Sola" (Jujuy) en 1941 y "Aires
Indios" (Montevideo) en 1943. Más adelante publica la novela
"Cerro Bayo", en la que luego se basaría el guión de la película
"Horizontes de Piedra".
Continúan sus grabaciones:
"Viene clareando", "Hui jo jo", "Ahí andamos señor",
"El arriero", "Zamba del grillo", "Chilca
Juliana", "La añera", "La pobrecita",
"Camino del indio", entre otras, van cimentando su fama y su
prestigio en todo el país.
En 1945 se afilia al Partido
Comunista, vínculo que mantendrá hasta el año 1952, fecha en que
renuncia al mismo retomando una posición política independiente. Esta
afiliación y su actitud crítica ante el gobierno peronista le valdrán
un silenciamiento forzoso durante todos esos años. Sus actuaciones fueron
prohibidas, no participó en programas radiales, sus grabaciones se
interrumpen desde 1947 hasta 1953. Tampoco se permitía la interpretación
de sus temas por otros artistas.
Es detenido y encarcelado en ocho
oportunidades.
Comienzan en estos años sus
retiros en la localidad de Cerro Colorado, en la provincia de Córdoba,
donde levanta su casa, y sus viajes por Europa donde obtendrá un
reconocimiento excepcional. En 1949 actúa en distintos países de la órbita
comunista: Hungría, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria. Recala luego en
París, donde se vincula con distintos artistas e intelectuales del
momento. Conoce a Edith Piaf quien queda impresionada con su arte y lo
invita a participar en sus propios recitales ante el público parisino, en
los que obtiene un resonante éxito. En 1950 obtiene el premio
de la Academia Charles Cross de París al mejor disco folklórico del año.
A partir de 1953 se levanta su
proscripción y vuelve a grabar en forma sostenida: "Tierra
querida", "Chacarera de las piedras", "Recuerdos del
Portezuelo", "La Tucumanita", "Indiecito
dormido", "Lloran las ramas del viento", "La
humilde", "Le tengo rabia al silencio", "Luna
Tucumana", etc., etc.
Retoma, también, sus actuaciones
en Buenos Aires y el interior del país.

En la década del '60 además de
sus giras de concierto por Europa, comienza a actuar en el Japón, donde
nuevamente obtiene un profundo reconocimiento. Continúa con
sus grabaciones: "Los ejes de mi carreta", "Sin caballo y
en Montiel", "La alabanza", "Cantor del sur",
"El árbol que tu olvidaste", "El payador perseguido"
entre muchos otros títulos. Edita, asimismo, uno de sus libros más
importantes: "El canto del viento".
En 1967 obtiene el Premio del
Festival de Cosquín y en 1968 y 1969 el Premio de la Academia Charles
Cross de París al mejor disco extranjero.

De aquí en adelante el reconocimiento de su propio país, América y
Europa se ve plasmado en una serie de premios y homenajes: El escenario
del Festival Folklórico de Cosquín (el más importante de Argentina) es
bautizado con su nombre (1972); es nombrado ciudadano ilustre en el estado
de Vera Cruz, México (1973); es condecorado por el gobierno de Venezuela
(1978); es nombrado Presidente Honorario de la Asociación de Trovadores
de Medellín, Colombia (1979); recibe el Diploma de Honor del Consejo
Interamericano de Música de la O.E.A. (1983); recibe el Premio Konex de
Platino como autor de folklore (1985); Premio "Caballero de las Artes
y Letras" del Ministerio de Cultura de Francia (1986); Doctor Honoris
Causa en la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina (1990); Ciudadano
Ilustre de la ciudad de Buenos Aires (1991).
Recomiendo consultar el libro de
Fernando Boasso quien incorpora una extensa lista de premios y
distinciones recibidos por el artista. Aquí sólo se han citado algunos
("Tierra que anda ...", pag. 183/185).

Compone en París dos cantatas
con música de compositores argentinos: "El sacrificio de
Tupac-Amaru" (1971) con música de Enzo Gieco y Raúl Maldonado; y
"La Palabra Sagrada" (1989) con música de Juan José Mosalini y
Enzo Gieco.
Para completar esta sucinta
enunciación de sus obras, cabe recordar aquí sus últimos libros:
"Guitarra", "El payador perseguido", "Del
algarrobo al cerezo" y "La capataza".
A fines de los '80 concreta la
creación de la "Fundación Yupanqui". Cuenta Fernando Boasso:
"Por 1987 Don Ata va ultimando los detalles para una fundación, que
se concretará en 1989, como Fundación Yupanqui. Declara a 'Clarín'
(17 de mayo de 1987): 'Por supuesto, será en Cerro Colorado. Aún no
tiene un nombre definido. Será un sitio para los enamorados de la ecología,
la naturaleza, la botánica, los idiomas antiguos. En definitiva un hecho
cultural en una zona alejada de todo, y un canto de amor muy personal a la
tradición. Tengo muchas expectativas de todo esto. Tal vez, cuando yo no
esté en el mundo, ese modesto centro centro de ideas continuará de algún
modo con mis ideas, con mis afectos'.
(...)'Lo pensamos con mi amigo, el investigador Rex González. Tenía
cosas muy valiosas, iba a causar muchos problemas para el hijo tener que
conservarlas. Y entonces dejé para la Fundación mi casa de Cerro
Colorado. Tenía una casa grande; la regalé con mis libros, los puñales
de mi abuelo, ponchos, aperos, regalos que me fue dando la gente en todos
estos años de recorrer el mundo...' ". ("Tierra que anda
...", pág. 111).

Encontrará Ud., en más de una
oportunidad, la firma de "Pablo del Cerro" en algunas de las
canciones interpretadas por Yupanqui. Se trata del seudónimo artístico
de quien fue su esposa: Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick de Chavero, la
que dejó un grupo de aproximadamente 40 composiciones.

Atahualpa Yupanqui falleció en
Francia el 23 de mayo de 1992. Sus restos descansan ahora en el Cerro
Colorado, Provincia de Córdoba, República Argentina.

LECTURAS RECOMENDADAS
"EL CANTO DEL VIENTO" - Atahualpa Yupanqui - Ediciones Siglo
Veinte, 1988 -
Recuerdos de infancia y juventud, evocación de distintas provincias
argentinas y de sus personajes y músicos, relatos y poemas, pero
sobrevolando todo esto, una profunda definición estética. La demarcación
precisa de un camino y de una búsqueda constante a lo largo de toda su
vida. Una lectura trascendental para todos aquellos que quieran adentrarse
en el universo de Yupanqui y también para quienes quieran definir su
rumbo dentro de la música folklórica argentina.
"TIERRA QUE ANDA - ATAHUALPA YUPANQUI - HISTORIA DE UN
TROVADOR" - Fernando Boasso - Ed. Corregidor, 1993.
Una reseña de su vida basada en los escritos y canciones de Yupanqui y en
una amplia colección de artículos periodísticos y reportajes. Sus nueve
capítulos: Tierra querida - Tierra que anda - Caminos del Trovador -
Cerro Colorado - Cada canción, una historia - Pablo del Cerro - El hombre
y la obra - Los grandes temas - Premios y distinciones.
"ATAHUALPA YUPANQUI" -
Felix Luna - Colección Los Juglares, Ediciones Jucar, 1974.
Más sintético que el anterior, brinda una rápida aproximación a la
figura de Yupanqui. Incluye un cancionero básico.
"ATAHUALPA YUPANQUI, EL
CANTO DE LA PATRIA PROFUNDA" - Norberto Galasso - Ediciones del
Pensamiento Nacional - Colección Los Malditos (Colihue), 1992.
"ATAHUALPA YUPANQUI-CUCHI
LEGUIZAMON" - José Tcherkaski - Editorial Galerna, 1984.
|