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Combate
de San Lorenzo
Los
realistas de Montevideo dominaban las costas orientales y hacían
frecuentes desembarcos para obtener ganados y otros alimentos. En enero
llegó a Buenos Aires la noticia de que se preparaba una escuadra realista
y tropas de desembarco.
El Triunvirato ordena al coronel San Martín que
protegiese las costas del Paraná del desembarco realista. Los granaderos
siguieron el avance de la flota enemiga que constaba de 11 naves y unos
trescientos soldados. Las naves pasaron el pueblo de Rosario y fondearon
frente al Monasterio de San Carlos, en San Lorenzo, aguas arriba. Los españoles
bajaron a tierra, subieron las altas barrancas y se encontraron con los
pacíficos frailes. Luego llegaron algunos paisanos al mando de Caledonio
Escalada, comandante militar del Rosario, y, cuando los realistas volvían
a embarcarse, intercambiaron algunos disparos de cañón. El 2 de febrero
por la noche llegan los granaderos de San Martín al convento y se ocultan
en el patio, en silencio, sin encender fuegos. Desde la torre del
convento, el Coronel vigilaba las señales de luces de las naves enemigas.
Cuando despuntaba el sol del día 3 de febrero, las lanchas de la expedición
realista tocaban tierra y subían el barranco en dos columnas dispuestos
al combate. San Martín dividió a los granaderos también en dos columnas
que, cuando sonó el clarín, cargaron desde cada lado del convento.
En
la primera carga, el caballo de San Martín fue derribado trabando una
pierna del Coronel. El granadero Baigorria traspasa con una lanza a un
soldado español que intentaba herir a San Martín. El soldado Juan
Bautista Cabral echó pie a tierra y levantó el caballo permitiendo a su
jefe incorporarse, entonces fue herido de muerte. A las pocas horas del
combate, ya conociendo el resultado, pronunció las famosas palabras:
"¡Muero
contento! ¡Hemos
batido al enemigo!"
La victoria había sido obtenida en pocos minutos. Los realistas escaparon
por la barranca abandonando sus armas, cañones y estandartes. La flota
enemiga retornó derrotada a Montevideo y nunca más volvió a incursionar
por el Paraná. San Martín escribió el parte del combate bajo la sombra
de un añoso pino y regresó en triunfo a Buenos Aires.
Poco tiempo después se conocía el triunfo del General
Belgrano frente a los realistas en la batalla de Salta, donde se rindió
el ejército al mando de Pio Tristán. El año trece comenzaba favorable a
los patriotas.
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El
Ejército del Norte
Manuel Belgrano se internó en las tierras del Alto Perú
pero debió retroceder hasta sus posiciones anteriores, en el valle de
Lerma, luego de las derrotas de Vilcapugio ( 1°
de octubre) y Ayohuma ( 14 de noviembre). Entonces el Triunvirato envía
al norte a San Martín con un pequeño ejército de infantería y el
cuerpo de Granaderos a Caballo. El ejército derrotado se reúne con las
tropas de refuerzo en la posta de Yatasto, en el camino entre Salta y
Tucumán, donde ambos patriotas se conocen e inician una amistad que duraría
toda sus vidas.
El 31 de enero de 1814, en Buenos Aires, la Asamblea nombra Director
Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata a Don Gervasio
Antonio Posadas sustituyendo el Triunvirato anterior. También en
enero, San Martín toma el mando de un ejército derrotado, quedando
Belgrano como su subordinado. El ejército realista, a cuyo frente estaba
el general Pezuela, amenazaba las provincias de Salta y Jujuy. El ejército
patriota se concentra en la ciudad de Tucumán y el General comienza a
instruirlo formando una nueva escuela militar e incorporando nuevos
reclutas.
La frontera norte queda defendida por partidas de gauchos montados,
al mando del teniente coronel Martín Güemes, natural de Salta y gran
conocedor del terreno, que detienen, causan estragos en el avance
realista, levantando a la población en contra del enemigo.
Mientras tanto en el Río de la Plata, la flota al mando del comandante
Guillermo Brown vencía a la armada realista frente a Montevideo y lograba
establecer el cerco marítimo que obligaría luego a rendir la plaza al ejército
comandado por el general Alvear (junio de 1814). Al conocer esta derrota,
los realistas, que intentaban conquistar las Provincias Unidas por la
frontera norte, iniciaron la retirada concentrando sus fuerzas en el Alto
Perú
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Plan
Continental
Al poco tiempo de encontrarse San Martín en Tucumán,
se dio cuenta que era imposible llegar a Lima, que en ese momento era el
centro del poder realista, por el camino del Alto Perú. Cada vez que un
ejército realista descendía del altiplano hacia los valles de Salta, era
derrotado y , cada vez que un ejército patriota ingresaba en el Alto Perú,
era también aniquilado. Fue entonces que el General concibió la idea,
que luego realizaría con éxito, de cruzar la cordillera y atacar la
ciudad de Lima por el mar. Para mantener segura la frontera del norte
bastaban las tropas salteñas al mando del general Güemes. El plan de
conquistar el Perú por el Pacífico era lo que él llamaba "su
secreto", que era compartido por unos pocos amigos de la Logia
Lautaro.
En el mes de abril de ese año, una enfermedad le obliga
a pedir licencia y pasa a restablecerse a una estancia cerca de la ciudad
de Córdoba dejando al general Cruz al mando del Ejército del Norte.
En agosto de ese año, por solicitud del general, el
director Posadas lo nombra Gobernador Intendente de Cuyo, pues su estado
de salud era delicado. En realidad San Martín se situaba en una posición
muy conveniente para iniciar los planes que luego liberarían medio
continente. Tardaría siete años para entrar en Lima.
Cuando el futuro Libertador se instalaba en Cuyo, del
otro lado de la Cordillera de los Andes, la revolución del que se llamaba
en aquel entonces "Reino de Chile", estaba en peligro: había
sido invadido por las fuerzas realistas del Virreinato del Perú y luego
de varias batallas, las fuerzas patriotas al mando de O´Higgins
y José Miguel Carreras son derrotadas en la batalla de Rancagua (1°
de octubre de 1814), donde los ejércitos chilenos son aniquilados dejando
abierto el camino a la capital, Santiago. El general Carrera con el resto
del ejército cruzó la cordillera refugiándose en el territorio de Cuyo,
gobernado por San Martín.
A Buenos Aires llegaban las noticias de que Napoleón
había sido vencido y confinado a la isla de Elba. El rey Frenado VII había
entrado en Madrid luego de seis años de cautiverio.
Es en este momento que la Revolución Sud Americana
parece derrotada en todos sus frentes. Perdido Chile y el Alto Perú, con
los realistas fuertemente establecidos en Lima; la revolución venezolana
era vencida y sus líderes, Bolívar y Mariño, se refugian en Cartagena;
los liberales españoles perseguidos. Sólo en el Río de la Plata ondean
los estandartes de la Libertad y la Independencia.
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Gobernador de Cuyo
En Buenos Aires, a comienzos de 1815 renuncia el
Director Supremo, Posadas, y es nombrado en su remplazo el general Carlos
María de Alvear, que estaba enfrentado con San Martín, quien para evitar
una destitución, solicita su reemplazo. Alvear nombra entonces Gobernador
de Cuyo al coronel Gregorio Perdriel. Esto pone a la ciudad de Mendoza en
conmoción y, reunido el cabildo el 16 de febrero de 1815, solicitan al
Director Supremo que conservase en el gobierno al general San Martín,
alegando que había un peligro cierto de una invasión realista a través
de la cordillera. El Director entonces accede a la petición del Cabildo
de Cuyo y confirma a San Martín en el cargo.
Los ciudadanos de Mendoza se constituyen en cabildo abierto. Deciden que
no obedecerán a ningún gobierno que no sea elegido por la voluntad de
los pueblos y que declara nulo el nombramiento del Gobernador Intendente
hecho por el Director Supremo. Se aclama a continuación a San Martín
como Gobernador de Cuyo por la voluntad popular. Los cabildos de San Juan
y San Luis confirmaron estas declaraciones.
Entonces San Martín emprende la creación del Ejército de los Andes, en
el que el pueblo de Cuyo contribuyó con todo lo que podía. Se
establecieron nuevos impuestos, se rematan las tierras públicas, se crea
una contribución extraordinaria de guerra, se recibieron donaciones en
joyas y en dinero, se gravó con un peso cada barril de vino. Además se
usaban los transportes de carretas en forma gratuita para los materiales
que necesitaba el ejército y a las personas, sin retribución para
trabajos públicos, los artesanos servían en los talleres militares sin
sueldo, y las mujeres contribuían con sus labores cosiendo gratuitamente
los uniformes de los soldados.
Se conoció en esos momentos que España preparaba una
expedición de diez mil hombres, que se dirigía hacia el Río de la
Plata. El entonces coronel San Martín reunió al pueblo de Cuyo en
cabildo abierto y el 6 de junio de 1815 distribuyó un bando que conviene
transcribir en parte porque demuestra el temple del Libertador:
"Es
llegada la hora de los verdaderos patriotas. Se acerca al Río de la Plata
una expedición de diez mil españoles. Ya no se trata de encarecer y
exaltar las virtudes republicanas, ni es tiempo de exhortar a la
conservación de la fortunas o de las comodidades familiares. El primer
interés del día es el de la vida: este es el único bien de los
mortales. Sin ella, también perece con nosotros la patria. Basta de ser
egoístas para empeñar el último esfuerzo en este momento único que
para siempre fijará nuestra suerte. A la idea del bien común y a nuestra
existencia, todo debe sacrificarse. Desde este instante el lujo y las
comodidades deben avergonzarnos…
Desde hoy quedan nuestros sueldos reducidos a la mitad. El empleado que no
quiera donar lo que deja de percibir recibirá un boleto par su abono en
mejores circunstancias. Yo graduaré el patriotismo de los habitantes de
esta provincia por la generosidad…
Cada uno es centinela de su vida."
Las damas de Mendoza, encabezadas por María de
los Remedios de Escalada de San Martín, su esposa, fueron recibidas por
el cabildo en audiencia y, en presencia del pueblo, se despojaron de sus
alhajas y donaron sus joyas a la patria.
Llegamos así al final del año 1815 con las
desalentadoras noticias de la derrota del Ejército del Norte, dirigido
por Rondeau, en la batalla de Sipe-Sipe el 29 de noviembre de dicho año y
deben regresar a Salta. Las fuerzas del virrey del Perú, comandadas por
el general Osorio, dominan Chile. El ejército español, que debía llegar
a Buenos Aires había desembarcado en Venezuela y batía a las tropas de
Bolívar. Fue entonces cuando San Martín, al mando del pequeño ejército
de Cuyo era la única esperanza de las Provincias Unidas. Es en estas
circunstancias que reúne a sus oficiales y expone su plan del paso de los
Andes y la reconquista de Chile.
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El año 1816
A fines del año anterior había sido restituido Fernando VII,
sus primeras disposiciones en el trono defraudaron a los americanos, derogó
la Constitución de Cádiz, que habían establecido las Cortes y se habían
declarado Soberanas y, lo que es peor, declaró "reo de lesa
Majestad" a los independientes, imponiéndoles la pena de muerte.
Esto trajo como consecuencia que los generales realistas cometieran
enormes crueldades contra las poblaciones rebeldes, especialmente en
Venezuela y en el Alto Perú.
A principio de año comienzan a llegar a la ciudad
de Tucumán los delegados de las distintas provincias —electos
por sufragio universal—
y el 24 de marzo se constituye allí el Soberano Congreso Nacional de las
Provincias Unidas del Río de la Plata. La Gobernación de Cuyo tenía
cuatro delegados, amigos de San Martín y miembros de la Logia Lautaro.
Por la provincia de San Juan: fray Justo de Santa María de Oro y don
Agustín Maza; por Mendoza: Tomás Godoy Cruz y Francisco Narciso Lapida;
por San Luis, Juan Martín de Pueyrredón, que estaba distanciado de San
Martín.
San Martín insiste ante los delegados de su gobernación en
la pronta reunión del congreso. En el mes de mayo el Congreso trata de la
elección del nuevo Director Supremo. Es designado, el día 3 de ese mes,
Juan Martín de Pueyrredón como Director Supremo, con el consentimiento
de los delegados de San Martín.
Mientras tanto, San Martín, como Gobernador de Cuyo,
insistía ante el Director Supremo la conveniencia de acometer la empresa
del paso de los Andes. Ya había comenzado con sus actividades de
espionaje y tenía confidentes en Santiago dentro de las esferas realistas
que le comunicaban las actividades del gobernador Osorio, y luego las de
su reemplazante Marcó del Pont. Así mismo sus espías fomentaban la
insurrección en los patriotas de Chile preparando el terreno para la
futura invasión. Había sido San Martín propuesto para comandar el ejército
del Perú en reemplazo del general Rondeau, pero él no confiaba en el éxito
de esta empresa y recomienda al Director que nombre a Manuel Belgrano en
su lugar.
Durante este año se llevan a cabo varias batallas
navales realizadas por corsarios con el pabellón del Río de la Plata,
que capturan presas entre los barcos que realizan la travesía entre América
y España, interceptando valiosos cargamentos, entorpe- ciendo el tráfico
de esclavos, lo que le vale a estas provincias el reconocimiento de
la opinión liberal de Europa. A su vez se intercepta correspondencia
confidencial que permite conocer el verdadero estado de las tropas
realistas en el Caribe y en Venezuela y por este medio se conoce en Buenos
Aires los progresos de Bolívar y de las tropas independientes de México.
En este contexto se prepara la expedición del Comandante Guillermo Brown,
secundado por Hipólito Buchardo, que partiendo desde el Río de la Plata,
dobla el cabo de Hornos y ataca las fortalezas Españolas de Chile y luego
los puertos fortificados del Callao y Guayaquil. Esto permite a los
patriotas conocer las defensas de estos puertos que luego serían de
utilidad para la campaña al Perú y formarían el comienzo de la flota
libertadora.
Luego de la derrota de Sipe-Sipe en el Alto Perú,
San Martín cree que ya ha llegado el momento de promover su idea de la
conquista de Lima por el Pacífico. Envía entonces un delegado a Buenos
Aires para convencer al Director de la conveniencia de la expedición a
Chile. El Ministro de Guerra era Tomás Guido, amigo de San Martín y
miembro de la Logia, que ya estaba al tanto de la idea del Libertador,
pero el gobierno no estaba convencido aún. El enviado de San Martín
si bien no pudo convencer al gobierno de autorizar la expedición, al
menos consiguió una ayuda de 5.000.- pesos mensuales para el ejército.
Sirviéndose de la astucia, San Martín hace
correr la noticia que su ejército se preparaba para marchar hacia el Alto
Perú. Hizo los preparativos del traslado para intentar que los realistas
cruzaran la cordillera pensando que Mendoza quedaba desguarnecida, y así
vencerlos en una batalla de este lado de la cordillera. Pero Marcó del
Pont no cayó en la celada.
San Martín envía entonces a Buenos Aires a
su ayudante de campo, José Antonio Álvarez Condarco, ingeniero militar,
con un detalle de la campaña que planeaba. Condarco se entrevista con
Antonio González Balcarce, que actuaba en forma interina hasta la llegada
del nuevo Director Supremo. Pueyrredón era partidario ya del plan de la
invasión a Chile, entonces dio instrucciones de apoyar a San Martín con
los pertrechos de campaña (mes de junio). A partir de entonces la Capital
comenzó a enviar suministros que hicieron posible la expedición.
San Martín insiste además ante sus delegados al
Congreso en la necesidad de declarar la independencia. Le escribía a
Godoy Cruz: "¿Hasta
cuándo esperamos para declarar nuestra independencia? ¿No
es una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cocarda
nacional, y por último, hacerle la guerra al soberano de quien se dice
dependemos…
…Los
enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, puesto que nos
reconocemos vasallos."
El 9 de julio el Congreso declara la Independencia de las Provincias
Unidas del Río de la Plata de la dominación de los reyes de España y su
metrópoli.
Pensando en los pasos para cruzar la cordillera, San
Martín aprovecha el hecho de la declaración de la independencia para
notificar de ella a Marcódel Pont. Envía a Álvarez Condarco por el paso
de Los Patos (el más largo) para entregar el acta a los jefes realistas.
Antes de partir le dijo: "como es seguro que así entregue
usted el pliego que lleva lo despedirán con cajas destempladas por el
camino más corto, que es el de Uspallata (si no lo ahorcan) dará usted
la vuelta redonda y podrá a su regreso formarme un croquis sobre el
papel."
El 15 de julio se reúnen en Córdoba el Director
Pueyrredón con San Martín donde combinan los aspectos de la expedición.
Queda así decidida la expedición a Chile.
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El cruce de los Andes
Con el apoyo político para su proyecto, San Martín
comienza los preparativos de la empresa. La maestranza estaba a cargo de
fray Luis Beltrán, quien dejó los hábitos y, comandando trescientos
trabajadores, fundió cañones, balas, granadas y preparó todos los
implementos necesarios para la difícil marcha. La armería estaba a cargo
del mayor De la Plaza y la fábrica de pólvora la dirigía el mayor
ingeniero José Antonio Álvarez Condarco. Para los uniformes, Beltrán
construyó una tejeduría y una tintorería para proveer los paños que
las damas de Mendoza luego cosían.
El Director Supremo, ya instalado en Buenos Aires, el día
1°
de agosto promueve al entonces coronel mayor San Martín al grado de
General en Jefe del Ejército de los Andes, acuñando el nombre con que se
conocería al ejército libertador de la mitad de América del Sur. Luego
aumentó la asignación para dicho ejército a 8.000.- pesos mensuales.
En septiembre de ese año, traslada su ejército, que
se componía de 4.000 hombres, al campamento del Plumerillo, Mendoza,
donde los soldados y los jefes se entrenan para el combate. Desde allí se
completaron los últimos pertrechos necesarios.
El día 5 de enero de 1817, el ejército se dirige
formado hasta Mendoza donde, en presencia de las autoridades y del pueblo,
juran la bandera celeste y blanca del ejército y como patrona, a la
Virgen del Carmen.
San Martín ocultaba el punto por donde
cruzarían la cordillera y hacía llegar a Marcó del Pont rumores de
distintos posibles pasos, insinuaba que cruzaría por el sur y luego hacía
correr rumores de que atacaría por el norte con el objetivo de dividir
sus fuerzas y lograr una sorpresa.
Todo estaba listo en el Plumerillo para cruzar el ejército
de 4000 hombres, con sus caballos cañones municiones y víveres para un
mes. Dos divisiones, al mando del general Soler y O´Higgins
cruzarían por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía
marchar por el camino de Uspallata con la artillería. Una división
ligera al mando de Juan Manuel Cabot cruzaría desde San Juan por el
Portezuelo de la Ramada y apoderarse de Coquimbo. Otro destacamento ligero
debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó cruzando la cordillera por
el paso de Vinchina. Por el sur, el capitán Freyre penetraría por el
Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas.
Durante la segunda mitad de enero partieron las distintas divisiones
llevando instrucciones secretas. Las órdenes eran que todos aparecieran
simultáneamente sobre el territorio chileno entre el seis y el ocho de
febrero.
San
Martín envió un parte al Director Pueyrredón, ya desde el lado chileno
de la cordillera:
"El
tránsito de la Sierra ha sido un triunfo. Dígnese V. E. figurarse la
mole de un exército moviéndose con el embarazoso vagage de subsistencias
para quasi un mes, armamento, municiones, y demas adherentes por un camino
de cien leguas, cruzado de eminencias escarpadas, desfiladeros, travesías,
profundas angosturas, cortado por cuatro cordilleras; en fin donde lo
fragoso del piso se disputa con la rigidez del temperamento. Tal es el
camino de los Patos que hemos traído…"
En efecto, a las dos de la tarde del 8 de febrero, las
dos columnas principales ocupaban los pueblos de San Antonio de Putaendo y
Santa Rosa de los Andes despejando el camino hacia el Pacífico.
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Batalla
de Chacabuco
El día 10 de febrero de 1817, todo el Ejército de los
Andes se encontraba concentrado en el valle de Aconcagua, listo para subir
la cuesta de Chacabuco y lograr una batalla decisiva. El ejército
realista se concentraba en el valle acudiendo rápidamente con tropas
desde Santiago. San Martín reunió a sus oficiales para explicar el plan
de combate que realizarían al día siguiente, sin dar tiempo a que los
realistas se agruparan. Dividió al ejército en dos columnas, una al
mando del general Soler, y la otra al mando de O´Higgins.
El ejército realista estaba al mando del brigadier Maroto.
A la madrugada del día 12 las columnas comenzaron la
ascensión de la cuesta de Chacabuco, tomando la división de Soler por la
derecha y la de O'Higgins la de la izquierda. La resistencia era sostenida
y el combate resultaba indefinido hasta que, cerca del mediodía, llegó
el ala de Soler, al trote y a la carga, lo que definió la batalla. Los
realistas dejaron en el campo 500 muertos, 600 prisioneros y mucho
armamento. Los patriotas perdieron 12 hombres y tuvieron 120 heridos. Los
realistas huyeron en desorden a Santiago pero no atinaron defensas, Marcó
del Pont sólo pensaba en escapar, mandó al puerto de Valparaíso sus
pertenencias y alistó sus cosas para la huida.
El 14 de febrero, San Martín entró triunfal a Santiago de Chile. El
cabildo se reunió el día 18 aclamando al Libertador como gobernador de
Chile. Renunció a ese honor y fue entonces electo O´Higgins Director
Supremo del Estado de Chile.
El general realista, Maroto, se embarcó en el puerto de Valparaíso con
algunas tropas que pudo salvar. Marcó del Pont se retrasó de la columna
y cuando llegó ya no quedaban naves en el puerto. Huyó hacia el sur pero
fue tomado prisionero por los patriotas.
Esta victoria, en territorio chileno, trajo alivio en
Buenos Aires. La situación para los patriotas seguía siendo difícil: la
ciudad de Montevideo había sido ocupada por un ejército Portugués, el
ejército del Norte retrocedía hacia Jujuy, como lo había previsto San
Martín, y el Gobernador de Salta, Martín Güemes resistía. La victoria
de Chacabuco cambió la suerte de la América del Sur y a partir de este
momento los realistas comenzaron su repliegue. Los que pudieron escapar,
se retiraron a marcha forzada hasta la fortaleza de Talcahuano, al sur de
Chile. Resistieron allí un sitio de las tropas patriotas que duró todo
el año 1817.
Se creó entonces el Ejército Unido, formado por el de
Chile, y el Ejército de los Andes. O´Higgins comandaba el ala Chilena y
San Martín era el General en Jefe de Todo el Ejército.
Siguiendo con su plan continental, San Martín sabía
que sin el dominio de mar, no era posible dominar Chile y Perú porque la
costa tenía bastiones como el Callao o Talcahuano que eran fácilmente
abastecidos de víveres, soldados y munición. Al mes de la batalla de
Chacabuco, cruzó nuevamente la Cordillera, llegó de incógnito a Buenos
Aires para evitar los festejos y las demostraciones populares a las que no
era afecto, y negoció con el Director Supremo el envío de una misión a
Londres con el objeto de crear una escuadra para dominar las costas del
Pacífico y quebrar el dominio realista en esos mares. El Ingeniero Álvarez
Condarco viajó a Londres para supervisar la compra de las naves mientras
Álvarez Jonte buscaba marinos que comandaran dicha escuadra.
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Cancha
Rayada y Maipú
En los últimos días de 1817, San Martín, como
generalísimo del Ejército Unido, mandó una delegación a Lima, en
nombre de los aliados, proponiendo al Virrey del Perú la regularización
de la guerra y el canje de prisioneros. Pero, como siempre, el motivo
oculto de la misión era ponerse al tanto de los planes del enemigo.
El enviado regresó a Valparaíso trayendo la información de que un ejército
realista, al mando del general Osorio, se embarcaba en cuatro fragatas
para recuperar Chile.
Los primeros días de
enero de 1818 la expedición llegaba a la fortaleza de Talcahuano donde
desembarca. Las tropas de Osorio se unen con las del general Ordóñez
formando un ejército de más de 5000 hombres. Sin perder tiempo comienzan
la marcha hacia el norte, para llegar a Santiago. Los patriotas al mando
de O´Higgins
levantan el sitio y emprenden la retirada hacia la capital para unirse a
el resto del ejército.
La noche del 19 de marzo
el ejército realista avanzó por la planicie de Cancha Rayada
sorprendiendo a las fuerzas de O´Higgins
en la oscuridad. Los patriotas se defendieron valientemente hasta que el
Director fue herido en el brazo. Entonces las fuerzas del Ejército Unido
retrocedieron en desorden perdiendo todo el parque y la artillería. El
mando fue asumido entonces por el coronel Las Heras que organizó una
retirada a hacia la capital. En Santiago, la noticia del revés hizo
entrar en pánico a la población, mientras que los generales patriotas
trataban de reagrupar sus fuerzas en derredor del campamento de Maipo.
Cuando O´Higgins
supo lo sucedido en la capital, apuró su regreso cabalgando día y
noche para reasumir el gobierno de la nación. Su presencia hizo
retornar la calma en la ciudad y comenzaron los preparativos para la
defensa. A los diez días, el Ejército Unido estaba nuevamente en condición
de combate con cerca de 4000 hombres de infantería, 22 piezas de artillería
y 1000 jinetes, cinco batallones chilenos y cuatro argentinos.
El ejército patriota estaba desplegado a diez kilómetros
de Santiago. El 5 de abril las avanzadas comunicaron que los realistas
marchaban en masa hacia el camino que une Santiago con Valparaíso.
Al
mediodía los ejércitos se hallaban frente a frente. Los patriotas
avanzaron hacia las posiciones realistas y entraron en encarnizado
combate. Los realistas resistieron a pie firme durante varias horas pero
luego comenzaron a replegarse, terminado derrotados. A última hora llegó
O´Higgins convaleciente de su herida, quien fue aclamado por las tropas
victoriosas. Las pérdidas realistas fueron alrededor de 1000 hombres,
doce cañones, 2200 prisioneros y todo el parque y municiones.
Osorio se retiró con solamente 1200 hombres hacia Talcahuano
pero casi sin armamento. Allí esperó órdenes del virrey Pezuela, quien
dio por perdido el norte de Chile y le ordenó embarcarse para el Perú,
quedando en la fortaleza una fuerza de defensa de 1000 hombres al mando
del coronel Sánchez.
Pocos días después de la victoria de Maipú, San Martín
emprende el camino a Buenos Aires llegando silenciosamente. No obstante
ello, el Director Supremo, Pueyrredón, prepara una recepción pública en
el Congreso que se realiza el 17 de mayo, en honor al héroe de Chacabuco
y Maipú.
El objetivo del viaje era apurar la disposición de los
fondos necesarios para crear y mantener la flota del Pacífico, que era la
única manera de evitar el abastecimiento de los puertos realistas, y la
reconquista de Chile. Una vez dominado el mar, el camino al Perú estaba
despejado. Las reuniones secretas tuvieron lugar en la quinta que Pueyrredón
tenía en de San Isidro. Una vez logrado el apoyo, San Martín quiso
volver nuevamente a Chile pero quedó detenido en Mendoza debido a las
grandes nevadas en la cordillera. Allí recibe notificación de Pueyrredón
diciendo que el empréstito de 500.000 pesos, necesario para equipar a la
flota era imposible de lograr.
Es entonces, que desde Mendoza, envía su renuncia como
general del Ejército Unido a los directores Pueyrredón y O´Higgins (4
de setiembre de 1818). Pocos días después recibe una comunicación del
Ministro de Guerra autorizándolo a girar hasta la suma convenida para
crear la flota.
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La
escuadra del Pacífico
La flota que dominaría el Pacífico con el pabellón
chileno y llevaría al ejército libertador al Perú se formó por astutas
y valientes capturas de buques españoles y la compra de naves inglesas y
americanas. El primer buque de guerra fue el bergantín español llamado
Águila, de 16 cañones, que entró engañado a Valparaíso luego de la
batalla de Chacabuco porque los patriotas dejaron las banderas realistas
flameando en la fortaleza. Fue capturado y, bautizado con el nombre de
Pueyrredón. En su primera misión fue enviado a la isla Juan Fernández a
rescatar los patriotas prisioneros de los realistas. Entre ellos estaba
Manuel Blanco Encalada, quien sería luego comandante de la flota. Luego
llegó el Windham de 44 cañones, comprado por Álvarez Condarco en
Londres. Fue la gloriosa Lautaro. Con estos dos buques, luego de la
victoria de Maipú, persiguieron a la flota española que bloqueaba
Valparaíso, entorpecía la navegación y hostigaban a los buques
neutrales que llegaban al puerto.
En abril de 1818, la marina chilena domininaba las
costas de Valparaíso. Con
la compra de más naves y un poderoso navío de 60 cañones los
patriotas tenían a, fines de 1818, una escuadra que podía combatir en el
Pacífico. El mando de la armada fue confiado a Manuel Blanco
Encalada.
En mayo de 1818, zarpaba
de Cádiz con rumbo a Chile, una expedición española de once
transportes, 2000 soldados, escoltadas por dos naves de guerra, una
de ellas con 50 cañones. La noticia se conoció en Buenos Aires.
Pueyrredón envió dos bergantines para que se incorporen a la flota
chilena. En agosto arribó a Buenos Aires el Trinidad, uno de los
transportes españoles con la tripulación sublevada. De esta manera los
patriotas conocieron el punto de reunión y el código de señales de la
escuadra realista.
En octubre zarpaba de Valparaíso la escuadra chilena al mando de Blanco
Encalada, y comandando la infantería de marina el capitán Guillermo
Miller. Debían interceptar el convoy realista.
Cayeron en manos de los patriotas cinco transportes con todos sus bagajes.
El resto huyó al Callao. Así, Chile en poco tiempo, dominó el Pacífico.
La última expedición española que partió hacia América había sido
aniquilada a fines de 1818.
Llegaba entonces a Valparaíso Thomas Alejandro
Cochrane, lord escocés que. había aceptado los ofrecimientos de los
agentes de San Martín y O´Higgins
en Londres. Fue nombrado jefe de la escuadra chilena con el grado de
Vicealmirante y Blanco Encalada, conociendo la capacidad del nuevo jefe,
se puso a sus órdenes. Los independientes, a fines de 1818 podían
dominar el Pacífico. Éste era el paso previo para poder llevar el ejército
al Perú.
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Sucesos del año 1819
En enero, las tropas patriotas al mando del
general Balcarce, que sumaban más de 3000 hombres, se dirigen al sur de
Chile, para reforzar a las fuerzas de Zapiola, que hostigaban a las del
coronel realista Sánchez, . Ante el avance de Balcarce, luego de algunas
escaramuzas, los realistas se retiran nuevamente hacia el sur, a las
tierras de los indios araucanos, encerrándose en la plaza de Valdivia.
Balcarce da por terminada la campaña, pues por tierra era imposible
transportar allí grandes ejércitos, y regresa a Santiago.
Ese
mismo mes de enero partía la flota chilena al mando de Cochrane. En
febrero bloquean el Callao, puerto de Lima, donde se hallaba la flota española
del Pacífico, protegidas por los cañones de la fortaleza.
Luego
de algunos combates navales, la flota permanece bloqueando el puerto
con algunos buques y con otros hostiga a los puertos del norte. Vuelve a
Valparaíso para abastecer la flota y construir una batería de cohetes,
nueva arma ensayada en Europa. Prepara sus naves y en octubre de ese año
intenta nuevamente destruir a la flota española en el Callao. No tiene éxito
por la falla de las nuevas armas pero la flota consigue varias presas en
el puerto de Guayaquil y Miller desembarca la infantería en Pisco y ocupa
por unos días la ciudad. Cochrane envía la flota a Valparaíso y sólo
con la O´Higgins se decide ocupar Valdivia, al sur de Chile y en los
primeros meses de 1820 conquista la fortaleza y expulsa a los realistas
que se refugian en la isla de Chiloe.
Mientras el Ejército Unido y la escuadra
chilena obtienen estas victorias, y en el norte, Bolívar combate contra
el ejército realista por la libertad de Colombia y Venezuela, obteniendo
la victoria de Boyacá (7 de agosto), otros hechos ensombrecen el panorama
sudamericano. La opinión de Chile no favorece la expedición al Perú y
el mantenimiento del Ejército de los Andes. Por otro lado, se reciben
noticias desde Cádiz anunciando que otra expedición se prepara contra
Buenos Aires al mando de José O´Donnell, que transportaría 20.000
hombres. El Director Pueyrredón solicita que las tropas de los Andes se
preparen para marchar a la Capital.
San Martín cruza la cordillera con una parte de
las fuerzas hacia Mendoza, dejando otra parte en Chile, listas para
marchar en cualquier momento. Por otro lado se produce la sublevación de
los caudillos provinciales López, de Santa Fe y Ramírez, de Entre Ríos,
apoyados por los Portugueses que ocupaban la Banda Oriental, y levantando
las banderas del federalismo, amenazaban el gobierno unitario de Buenos
Aires. El Director Supremo ordena a los ejércitos del Perú, al mando de
Belgrano, y al ejército de Los Andes para que marchen a defender Buenos
Aires. Belgrano marcha hacia Córdoba y, por correspondencia de San Martín
que apela al espíritu patriótico de López, consigue un armisticio con
que despeja por el momento la amenaza. La presencia del Libertador
en Cuyo impide que la provincia se pliegue a los disidentes.
En junio renuncia Pueyrredón y es reemplazado por
Rondeau, quien manda a llamar al general San Martín para combinar los
planes de defensa de la Capital en caso de producirse el arribo de la
expedición realistaproveniente de Cádiz.
En octubre, llegan noticias a Buenos Aires diciendo que el ejército
de Cádiz se había amotinado. Las tropas se negaban a embarcar para el Río
de la Plata. Decían que el motín había sido sofocado, pero se creía
que el ejército español no estaba en condiciones de emprender, por el
momento, la expedición. El peligro se había disipado.
En ese mismo mes, San Martín
recibe en Mendoza dos noticias. O´Higgins le comunicaba que tenía todo
pronto para la expedición al Perú y que debía cruzar los Andes para
ponerse al frente de las tropas. Por otro lado, el armisticio entre López
y el gobierno de Buenos Aires se había roto y Rondeau le pedía que
marchara hacia la Capital. Contestó entonces a Chile que aceptaba la
dirección de la empresa y que cruzaría los Andes cuando los asuntos
internos se lo permitieran. Preparó entonces la caballería, unos 2000
hombres para marchar desde San Luis hacia la Capital. Rondeau se pone al
frente del ejército de Buenos Aires y se dirige al límite con la
provincia de Santa Fe para batir a los insurgentes, contando que el ejército
del Norte avanzaba sobre Córdoba y el de los Andes acudía desde San
Luis.
En noviembre el Libertador
recibe otra carta del Director anunciándole que debe concurrir a
conversar con él por un asunto más importante que la insurrección del
litoral. Se trataba de los proyectos monárquicos que una misión diplomática
realizaba en Francia para coronar un príncipe Borbón.
San Martín presenta su
renuncia al mando del ejército alegando motivos de salud, los
facultativos le prescriben baños termales en Cauquenes, en Chile. En
Buenos Aires rechazan su renuncia diciendo que tiene licencia para mejorar
su salud como General de la Provincias Unidas.
Mientras tanto la anarquía
había estallado en las Provincias Unidas.
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Acta
de Rancagua
Cuando San Martín se reponía en Chile de sus dolencias, en
Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda,
el día 1°
de febrero. No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un
gobierno autónomo y sus propias tropas. El ejército de los Andes se
encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién
respondía estaba disuelta.
Ante este
problema, San Martín, que ya se había restablecido de su enfermedad, se
encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía
al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de
todos los oficiales. Ell
2 de abril, el pliego es abierto. San Martín había escrito su renuncia,
y, alegando que el Director Supremo, de quién su autoridad dependía,
estaba depuesto, era el deber de los oficiales elegir a su nuevo jefe. Si
embargo los oficiales consideraron que el mando de su jefe no había
caducado pues: "la autoridad que recibió el general de los Andes
para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país
no ha caducado ni puede caducar, pues su origen, que es la salud del
pueblo, es inmudable."
Esta fórmula es votada por los oficiales unánimemente,
y luego se redacta el documento que se conoce como Acta de Rancagua,
que fue firmada por todos, y que por más de 50 años permaneció secreta.
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Expedición
al Perú
Cuando San Martín se dispone a embarcar el ejército
para completar la última fase de su plan continental, América era el único
lugar donde la llama de la libertad ardía. En Europa, luego de la caída
de Napoleón, gobernaban los monarcas absolutos que formaban la Santa
Alianza y se oponían a el control de los parlamentos. Sólo Holanda e
Inglaterra tenían gobiernos parlamentarios. En Francia reinaba Luis XVIII
y en España Ferrando VII era un déspota absoluto.
Chile y el Río de la Plata estaban emancipados de hecho
luego de Chacabuco y Maipú. En el norte, Bolívar expulsaba a los
realistas de Nueva Granada y los acorralaba en Venezuela. La flota de
Chile dominaba el Pacífico y los realistas sólo ocupaba Quito y Perú.
Los Gobiernos de Estados Unidos y el de Inglaterra comenzaban a demostrar
interés en reconocer la independencia de las repúblicas de Sudamérica.
El ejército combinado estaba contaba con 4500 hombres,
pertenecientes al ejército de los Andes y al ejército chileno. El jefe
del estado mayor era el general Las Heras y formaban parte el general
Arenales, el anterior gobernador de Cuyo, Luzuriaga, Tomás Guido, Álvarez
Jonte, Bernardo Monteagudo y Juan García del Río. La flota se componía
de ocho buques de guerra y diez y seis transportes tripulados por 1600
marinos.
El 20 de Agosto de 1820 partía de Valparaíso la expedición bajo el
pabellón chileno, en medio de las salvas de la artillería y las
aclamaciones del pueblo y las damas de Santiago. El almirante Cochrane
encabezaba la expedición en la O´Higgins mientras que el Libertador y su
estado mayor navegaba en el San Martín
La
expedición toca tierra en Pisco, al sur del Perú. Las fuerzas que defendían
la ciudad, se retiran a la sierra. San Martín repone las montas de
los granaderos requisando los caballos y libera a los esclavos que quieran
incorporarse al ejército.
El virrey Pezuela tenía unos veinte mil hombres
repartidos por todo el territorio a lo largo de la costa, desde Guayaquil
hasta Arica y en el alto Perú, pero el grueso defendía la capital, Lima.
Al tener noticias del desembarco inicia tratativas diplomáticas.
San Martín envía como representantes a sus amigos,
Guido y García del Río que, además de la misión diplomática, debían
informar acerca de la preparación de las fuerzas realistas y establecer
contactos con los patriotas peruanos.
Fracasadas éstas tratativas, San Martín destaca una
división al mando de Arenales para que marche hacia Lima por el camino de
la sierra y promueva la insurrección en las poblaciones. Antes de partir
de Pisco crea la bandera y el escudo peruano y reembarca al resto del ejército
a fines de octubre.
Cuando la flota llega a la altura del Callao, hacen una
pasada frente a las fortalezas pero lejos del alcance de los cañones para
mostrar su fuerza: desfilan, ante una muchedumbre que las contemplaba
desde las torres de la fortaleza, ocho naves de combate y diecisiete
transportes.
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A
comienzo de noviembre desembarca el ejército en la localidad de Huacho,
al norte del Callao.
Mientras tanto, se había producido la revolución
en Guayaquil el 9 de octubre y se había formado una junta que se puso
bajo la protección de los libertadores San Martín y Bolívar.
Días más tarde, Cochrane, en una acción muy
audaz, arrebata la nave insignia española, Esmeralda, fondeada en el
puerto del Callao y bloquea la bahía. Desde ese momento los realistas no
pueden ser abastecidos por mar.
San Martín fortifica su posición en Huacho y
comienza su intento de sitiar Lima. Sigue con sus trabajos de
inteligencia: arma a los rebeldes que se organizan para asolar los
alrededores de la Capital. Un batallón realista, deserta de sus filas y
se pliega a los patriotas con seiscientos hombres y todos sus bagajes. Las
poblaciones al norte de Lima se sublevan y, en la ciudad de Trujillo, el
marqués de Torre-Tagle enarbola la nueva bandera del Perú y jura la
independencia. Luego de obtener estas ventajas sin ofrecer un
combate formal, el Libertador pone sitio a Lima.
El 29 de enero se sublevan los oficiales realistas
contra el virrey Pezuela, éste es derrocado y en su lugar es nombrado
virrey el general La Serna.
La Serna invita a San Martín a celebrar
negociaciones de paz. Por los patriotas concurrieron Guido y Alvarado. Los
independientes sostuvieron que la única base de un acuerdo era la
independencia del Perú, a la cuál los realistas no podían acceder y
entonces las negociaciones fracasaron.
El sitio de Lima continuaba y la vida en la ciudad se
hacía insoportable, el descontento cundía. En esas circunstancias, marzo
de 1821, arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, encargado del nuevo
gobierno constitucional de España para llegar a una solución pacífica
con los independientes. El rey de España había mandado emisarios a las
colonias en son de paz, lo que dio lugar en México a la proclama de
Iturbide en el pueblo de Iguala donde proclamó la independencia, y en
Colombia Bolívar firma un armisticio con Morillo.
San Martín estrecha el cerco a la ciudad de Lima.
A su vez inicia negociaciones de paz, envía delegados a la hacienda de
Punchauca, cerca de Lima, a fines de abril de 1821. Los españoles proponían
la aceptación de la constitución de Cádiz de 1812 por los americanos y
el envío de delegados a las Cortes de Madrid. Los americanos proponían
la independencia de Las Provincias Unidas, Chile y el Perú.
El 2 de junio se reúnen
San Martín y La Serna. San Martín hizo la propuesta de establecer una
regencia en el Perú en nombre de un futuro príncipe europeo que ejercería
una monarquía constitucional. El Virrey propuso consultar a las
corporaciones del virreinato y dijo que en dos días habría una
respuesta.
La Serna, en lugar de consultar a las corporaciones,
como se había convenido, consultó primero con los oficiales de su ejército.
Éstos rechazaron la propuesta pues no estaban autorizados a conceder la
independencia a las colonias, aunque se tratara de una monarquía. El
Virrey respondió que no estaba autorizado a reconocer la independencia
del Perú pero que era posible firmar un armisticio hasta que la corte
aceptara las propuestas de San Martín. Los independientes no aceptaron,
pero prolongaron el armisticio por doce días más y permitieron el
abastecimiento de la plaza sitiada por motivos humanitarios.
Los españoles comenzaron los preparativos
para abandonar la ciudad y el 5 de julio partieron hacia la sierra.
El 10 de julio por la tarde, entró San Martín a Lima con traje de
paisano, para no ser reconocido, mientras los realistas salvaban el resto
de su ejército internándose en los valles de la cordillera. Todavía una
guarnición de 2000 hombres resistía el sitio en la fortaleza del Callao.
Mientras esto sucedía en Lima, Bolívar
vencía a los realistas en la Batalla de Carabobo, 24 de junio, y el 29
entraba triunfante en Caracas. El cerco estrechaba a los realistas tanto
por los ejércitos del norte como por los del sur.
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Protector del Perú
Desde Lima, San Martín le escribe a O´Higgins
sus pensamientos: "Al fin, con paciencia y movimientos, hemos
reducido a los enemigos a que abandonen la capital de los Pizarros : —al
fin nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver
asegurada la independencia de la América del Sud. —El Perú es libre. —En
conclusión, ya yo preveo el término de mi vida pública, y voy a tratar
de entregar esta pesada carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a
vivir como hombre."
El libertador anticipa a su amigo las decisiones que tomará un año después.
El 28 de julio se proclama la independencia del Perú. San Martín, desde
un tablado levantado en la plaza mayor dijo: "El Perú es desde
este momento libre e independiente por la voluntad de los pueblos y de la
justicia de su causa que Dios defiende" Levantó la bandera roja
y blanca y fue aclamado por la multitud.
El 4 de agosto de 1821, a pedido del Cabildo de Lima y por sugerencias de
los miembros de la logia Lautaro, San Martín acepta ser nombrado Protector
del Perú, y cabeza del gobierno. Designa ministro de hacienda al
peruano Unanue, García del Río es ministro de relaciones exteriores y
Monteagudo de guerra y marina. Las Heras comandaba el ejército al que se
agregan regimientos con la nueva bandera peruana. Al frente de la infantería
estaba Miller y la caballería al mando de Brandzen.
Las reformas políticas
fueron muy importantes: se abolió el servicio personal de los indígenas,
las encomiendas, los repartimientos y las mitas, se declaró la libertad
de vientres y se emancipó a los esclavos que tomaran las armas por la
independencia, se abolieron los azotes en las escuelas, se fundó la
biblioteca nacional, se estableció la libertad de imprenta y se abolió
la censura previa. Se eliminaron los tormentos y se suprimió el tribunal
de la Inquisición.
Todavía los realistas, resistían
sitiados en la fortaleza del Callao. El 14 de agosto, Las Heras efectúa
un intento de asalto pero es rechazado.
Mientras en Lima los patriotas organizaban
el nuevo gobierno, los realistas se reagrupaban en la sierra, en la ciudad
de Jauja. Los primeros días de setiembre se creyeron listos para realizar
una ofensiva. Un ejército de 3500 hombres al mando del general Canterac
avanzó hacia Lima. San Martín dispuso sus tropas en defensa de la ciudad
cortando la marcha de los realistas, pero el objetivo de Canterac era
reunirse con los defensores del Callao y aprovisionarse de armamento del
que carecían.
San Martín permaneció a la expectativa de los
movimientos enemigos y cuando en ejército español entró al Callao, supo
que la batalla estaba ganada sin arriesgar sus soldados. En la fortaleza
no había víveres para más de tres días. Canterac tuvo que abandonar el
Callao el 16 de setiembre y, perseguido por las tropas de Las Heras,
regresó a Jauja con su ejército diezmado. El 21 de setiembre se rendía
el general La Mar y las banderas peruanas flamearon en las torres del
Callao.
Finalmente, una vez rendido el Callao, ya no era
necesario el bloqueo y el Libertador envía a Cochrane a Chile para que
diera cuentas a ese gobierno de la continuidad de la escuadra. El
Almirante zarpa del Callao en octubre pero en vez de regresar a Chile,
sale en búsqueda de la dos últimas fragatas de la marina española en
esas quedaban en esas aguas. Éstas naves
bloquearon el puerto de Guayaquil en diciembre de 1821 sin encontrarse con
la escuadra de Cochrane. En ese puerto se encontraba el general La Mar que
luego de la rendición del Callao había pasado a las tropas del Perú. La
Mar convenció a los capitanes de que era mejor rendirse pues de lo
contrario caerían en mano de Cochrane que los buscaba en el Pacífico.
Los capitanes se rindieron a comienzos de 1822. Éstas fueron las últimas
naves españolas del Pacífico sur. Una de las fragatas, Prueba,
rebautizada Protector, inició la marina peruana y su primer comandante,
el almirante Blanco Encalada.
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Toma de Quito
A comienzos de 1822 quedaban dos ejércitos
realistas de importancia en América del Sur. Los que dominaban Quito, al
mando del general Aymerich y los del sur del Perú comandados por el
general Canterac. Bolívar había nombrado al general Antonio José de
Sucre al mando de las tropas del sur, quien se embarcó para Guayaquil en
mayo de 1821. Con este ejército inicia el avance hacia Quito pero es
detenido por los realistas en Bomboná.
En el mes de octubre de 1821, Sucre demanda
el auxilio de tropas del Perú para poder emprender una nueva campaña
sobre Quito. San Martín destaca una división auxiliar a cargo del
general Andrés Santa Cruz con 1500 hombres formados por granaderos de los
Andes al mando de Félix Olazábal y un cuerpo de caballería al mando de
Juan Lavalle. El ejército de Colombia se une al combinado argentino,
chileno y peruano.
Mientras tanto, San Martín delega la
autoridad política en Torre-Tagle y convoca a un congreso, el 27 de
diciembre de 1821.
Ordena una campaña comandada por Domingo Tristán
en la localidad de Ica, al sur de Lima. Las fuerzas patriotas son
derrotadas por el general Canterac el 7 de abril de 1822.
El 21 de abril las tropas combinadas de Colombia y
la división auxiliar, al mando de Sucre, ganan la batalla de Río Bamba,
que despeja la ruta a la ciudad de Quito. Un mes más tarde, el 24 de mayo
los patriotas derrotan a los realistas al mando del general Aymerich en la
batalla de Pichincha. Al día siguiente Sucre entra vencedor en Quito. Con
esta victoria, el norte de América del Sur quedaba libre de realistas.
Las fuerzas del Río de la Plata y las de Chile,
que luchaban desde el Sur, se habían unido a las de Venezuela y Colombia
que bajaban desde el Norte. Ambos extremos de la revolución se tocaban
después de doce años de lucha. El dominio de los realistas quedaba
reducido a la posesión del Alto Perú y los puertos intermedios, en una
zona de alturas, difícil, donde los ejércitos del Río de la Plata
siempre habían fracasado. Todavía podían reunir un ejército veterano
de más de 15.000 hombres y contaban con buenos generales como Canterac y
La Serna.
San Martín sabía que su ejército no bastaba para vencerlos, era
necesario la unión de las fuerzas patriotas del Norte y del Sur para
expulsar a los realistas del Alto Perú.
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Guayaquil
Bolívar entró en Guayaquil el 11 de julio de 1822 y al
día siguiente la ciudad incorporó la provincia a Colombia. San Martín
se embarcó desde el Callao hacia ese puerto, llegando a la mañana del día
25 de julio. El libertador del norte le ofrece al Protector del Perú su
hospitalidad y lo aloja en una espléndida residencia donde lo espera el día
26. Allí San Martín recibe la visita de las corporaciones de la ciudad
que le brindan un cálido recibimiento. Cuando los libertadores quedaron
solos conferenciaron durante algo más de una hora. Por la tarde San Martín
devolvió a Bolívar la visita protocolar.
El
día 27 San Martín embarca su equipaje anunciando que partirá esa misma
noche. A la una de la tarde se dirigió a la residencia de Bolívar y
conferenció sin testigos durante cuatro horas. Terminada
la conversación se reunieron en la sala de banquete donde se sentaron uno
al lado del otro. Bolívar brindó "Por los dos hombres más
grandes de la América del Sud: el General San Martín y Yo". San
Martín contestó: "Por la pronta conclusión de la guerra; por la
organización de las diferentes Repúblicas del continente y por la salud
del Libertador de Colombia". Luego comenzó el baile y la diversión.
San Martín dejó la fiesta,como ya pautado con Bolívar, a la una de la
mañana y se embarcó rumbo al Callao.
Por muchos años ninguno de los protagonistas
aclaró en forma directa los temas tratados durante la entrevista. Sin
embargo, los diferentes testigos y los documentos escritos permiten
establecer que ninguno de los libertadores estuvo satisfecho con el otro.
San Martín pretendía la unión de los ejércitos del sur y del norte
para concluir la guerra. Comprendía que era su persona la que molestaba a
Bolívar y que los ejércitos de Colombia no pasarían al Perú mientras
él estuviera allí. El 29 de agosto le escribe: "Los resultados de
nuestra entrevista no son los que me prometía para la pronta terminación
de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, ó que
no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las
fuerzas de mi mando, ó que mi persona le es embarazosa." Luego
agregaba: "No se haga ilusión, general. Las noticias que tiene de
las fuerzas realistas son equivocadas. Ellas montan en el Alto y Bajo Perú
más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos
meses." Más adelante en la misma carta le dice: "En fin
general, mi partido está irrevocablemente tomado. He convocado el primer
congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré
para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le
impide venir al Perú con el ejército de su mando."
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Abdicación del Protector del
Perú
El 20 de setiembre se inaugura el primer
congreso constituyente del Perú. Ese día San Martín entrega su título
de Protector. Pronuncia un discurso de despedida y se retira. Esa misma
noche, el congreso, reunido en sesión extraordinaria le otorga el título
de "Fundador de la Libertad del Perú" y le asignan la
misma pensión vitalicia que a Washington.
Así terminó la vida pública del Libertador. Esa
misma noche del 20 de setiembre se embarcó en el bergantín Belgrano con
rumbo a Chile. De allí, San Martín se traslada a Mendoza, a su chacra,
donde tiene la noticia del derrocamiento de O´higgins.
El 3 de agosto de 1823 muere su esposa, Remedios de Escalada. Parte
entonces para Buenos Aires donde se encarga de su hijita Mercedes. El 4 de
diciembre llega a la ciudad y permanece hasta el 10 de febrero de 1824
cuando se embarca hacia Francia.
Los
ejércitos de Bolívar, al mando del general Sucre derrotan
definitivamente a los realistas en las batallas de Junín, el 6 de agosto
de 1824, y de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824, liberando así
a todo el continente.
En 1829 regresa a Buenos Aires pero encuentra un clima hostil y permanece
en Montevideo. Poco tiempo después regresa a Europa para no volver nunca
más.
Falleció el 17 de agosto
de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a la edad de 72 años.
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