Las
brevas están maduras
Los ideales de libertad que estaban presentes en muchos criollos fueron el motor
que impulsó la destitución de las autoridades españolas.
Comienzos de 1808 // Buenos Aires era un polvorín // La semana de mayo
El voto de los vecinos // La noche del 25 de Mayo // El camino de la libertad
La Defensa de la Revolución
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Horas de
angustia se vivían en Buenos Aires a comienzos de 1808. La euforia provocada
por el rechazo a las dos invasiones inglesas se fue apagando lentamente cuando
se recibió una intimación de la corona portuguesa para que el Río de la Plata
se someta a su control. Para colmo de males, se hacía cada vez más fuerte el
rumor de que los ingleses estaban preparando un tercer ataque. Los días de júbilo
vividos menos de un año atrás parecían haber quedado sepultados muy lejos en
el tiempo.
¿Por qué Portugal se animaba a tener pretensiones sobre Buenos Aires? Porque
por ser aliado de Inglaterra estaba indirectamente en guerra con España, la que
a su vez era aliada de Francia. La amenaza portuguesa surgió en forma inmediata
a la mudanza de su corona a Brasil, luego de que las tropas napoleónicas
invadieran su territorio el 29 de noviembre de 1807. Los porteños tenían ahora
un nuevo enemigo en sus fronteras.
El tercer asalto inglés a Buenos Aires, finalmente, no se produjo, porque la
invasión napoleónica a España hizo cambiar las alianzas: los invadidos
pidieron ayuda a Inglaterra para luchar contra Napoleón, a lo que Londres
accedió gustoso y de paso suspendió el ataque al Río de la Plata. Inglaterra
también hizo desistir a Portugal de esas ambiciones.
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En España,
en tanto, todo era caos: invadida por Napoleón, se quedó sin rey luego de una
curiosa sucesión de hechos. Carlos IV había cedido su corona bajopresión a su
hijo Fernando, ya con los franceses dentro de su territorio. Pero poco le duró
a Fernando VII la diadema: Napoleón citó a padre e hijo en la ciudad de
Bayona, en los Pirineos. Convenció a Fernando de que debía devolver la corona
a su padre, y a éste de que debía cedérsela al emperador. Con la corona en
sus manos, Napoleón se la otorgó a su hermano, José. Este episodio se conoce
como “la farsa de Bayona”.
Los sucesos ocurridos en España tuvieron gran repercusión en todo el
Virreinato, y terminaron favoreciendo los propósitos emancipadores de un
numeroso grupo de criollos. Asimismo, Buenos Aires era escenario de frecuentes
enfrentamientos entre el virrey Liniers y el jefe del Cabildo, Martín de Álzaga.
La lucha de poderes entre ambos tuvo su punto culminante en una asonada militar
encabezada por este último, el 1o de enero de 1809, que estuvo cerca de
terminar con el gobierno de Liniers. La oportuna intervención de Cornelio
Saavedra al frente de los Patricios hizo fracasar el golpe y puso de manifiesto
la importancia que habían adquirido los regimientos nativos.
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Caída la
monarquía española, se formaron sucesivas Juntas de gobierno clandestinas a
nombre de Fernando VII. Estas Juntas, que cambiaban varias veces de sede en
cuanto eran descubiertas por los franceses, sancionaban leyes con la pretensión
de ser obedecidas en todo el inmenso imperio español, incluyendo a las
colonias. El virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, que se hizo cargo de la
jefatura del Río de la Plata el 30 de junio de 1809, fue nombrado por una de
esas Juntas clandestinas.
No todos los porteños estaban de acuerdo en obedecer a una Junta española, por
considerar que su poder no era legítimo. Para ellos, las colonias americanas
eran propiedad de la corona y no de los españoles en general: éste fue uno de
los argumentos principales que se esgrimieron en contra de la continuidad del
dominio español en el Río de la Plata.
Cisneros llegó a Buenos Aires en medio de un clima de efervescencia. Un mes
antes de su arribo –el 25 de mayo de 1809– se produjo una rebelión en
Chuquisaca (en la actual Bolivia), en contra del gobernador Pizarro. Entre los
insurrectos estaba Bernardo de Monteagudo. Otro levantamiento contra los españoles
se produjo en julio en La Paz, el cual fue ferozmente aplastado despertando
indignación en todo el Virreinato. La falta de una cabeza reinante en España,
la acechanza portuguesa y la importancia que habían adquirido las milicias
criollas después de las invasiones inglesas (los regimientos españoles de
catalanes, vizcaínos y gallegos fueron disueltos tras la asonada de Álzaga),
no hicieron más que preparar el terreno para la formación de un gobierno
propio.
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“Las brevas aún no maduraron”, solía responderles Saavedra al grupo de
criollos que se acercaba a pedir su intervención para acabar con el gobierno de
los españoles. El jefe militar, quien también quería la emancipación, se
caracterizaba por la prudencia y les aseguraba a los más inquietos que actuaría
en el momento oportuno. Pero el tiempo de las brevas no tardaría en llegar...
El 15 de mayo de 1810 ancló en Montevideo la fragata inglesa Juan Paris
trayendo la noticia de la caída de la Junta de Cádiz en poder de los
franceses. Ya no había poder español alguno al que obedecer en Buenos Aires, y
por eso un grupo de porteños intimó al virrey Cisneros para que difunda la
noticia. Cisneros, que no contaba con poder militar, no tenía más remedio que
hacer caso de las demandas.
Tres días más tarde, el virrey publicó una proclama pidiéndoles a los
vecinos “mantener el orden”: sabía que se estaba tramando un levantamiento.
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Dos
agitadores infatigables |
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Los
criollos ya habían definido un plan cuyo punto de partida consistía en la
convocatoria a un Cabildo abierto. Para ello, el 19 de mayo, Juan José Castelli
y Martín Rodríguez visitaron al virrey, aunque no obtuvieron una respuesta
favorable sino hasta el día siguiente.
El 20, los funcionarios del Cabildo llamaron a los jefes militares para
consultarlos sobre la convocatoria a un Cabildo abierto y conocer su opinión
sobre los últimos sucesos. La respuesta de los hombres de armas, en boca de
Saavedra, fue contundente: el virrey debía renunciar y el nuevo gobierno tendría
que ser designado en el Cabildo abierto.
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El 21, unos 600 hombres armados, a las órdenes de Domingo French y Antonio
Beruti, ocuparon la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) pidiendo la
destitución del virrey y la llamada a Cabildo Abierto. No había más margen
para negociar: la reunión en el cabildo se concretó al día siguiente,
poniendo en marcha el plan criollo.
Con al presencia de 251 vecinos se inició la reunión en el cabildo, el 22 de
mayo. Se habían impreso 600 invitaciones, pero sólo se repartieron 450 sobre
la base de una lista elaborada por el Cabildo.
Luego de un debate que duró más de cuatro horas, el recuento de votos se hizo
a la mañana siguiente: 155 apoyaron la destitución del virrey y sólo 69 se
expidieron por su continuidad en el mando. Hubo 27 personas que, por diversas
razones, no votaron. De los votos que apoyaron el cese del virrey, la mayoría
se inclinó porque el Cabildo asumiera el mando interinamente hasta que se
constituyera una Junta de gobierno.
Brindis, música, bailes y empanadas cerraron la intensa jornada vivida horas
antes en la plaza ,
frente al Cabildo.
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Es
una buena noche para ir al teatro, sobre todo si la obra va a ser ese
drama romano que habla de la libertad y la lucha contra los poderosos.
Pero, ¿qué pasa?. |
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No
era cuestión de mojarse. |
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¡Vamos
a la casa del actor!. Es necesario convencerlo de que vaya al teatro y
haga la función porque el público está ansioso. ¡No importa lo que
ordene el Cabildo! ¡Ya estamos cansados de que nos digan lo que tenemos
que hacer! |
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A
la luz de los faroles y aunque las calles estaban embarradas, los porteños
se felicitaban entre ellos y festejaron hasta la madrugada la formación
del primer gobierno patrio. |
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Ahora
sí, ¡por fin! El actor nos pone la piel de gallina cada vez que dice que
hay que luchar por la libertad. Aunque la historia fue escrita hace más
de mil años, se parece tanto a lo que estamos viviendo en Buenos Aires... |
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Los
chicos estaban tan contentos que se colgaron de las campanas de las
iglesias para hacerlas sonar. |
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Pero,
¿qué les pasa a estos españoles? ¿Cómo se atreven a no sacarse el
sombrero? ¡A usted le hablo...sí...¿que dice? ¡No se lo voy a
permitir! ¡Tome!, ¡aguante este bastonazo si puede! ¡Ya se acabará el
gobierno de los virreyes! ¡Ya van a ver...! |
Todo comenzó una mañana fría y lluviosa de otoño con el pueblo reunido en la
actual Plaza de Mayo y nueve hombres jurando en el Cabildo
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El
Cabildo quiso sacar provecho de la votación efectuada el 22 y, aunque aceptó
la destitución del virrey, recurrió a la artimaña de incluirlo entre los
miembros de la Junta que se formaría. La hábil maniobra sorprendió a los
porteños, quienes tardaron algunas horas en reaccionar. La Junta que juró el
24 estaba integrada por cinco miembros: Cisneros (como presidente), los españoles
Juan Solá (párroco de Montserrat) y José Santos Incháurregui (comerciante),
y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra, como vocales. Tras la
sorpresa, los criollos se reunieron por la noche en casa de Rodríguez Peña y
decidieron dar marcha atrás con lo decidido por el Cabildo.
El 25 de mayo amaneció frío y lluvioso. El grupo que dirigían French y Beruti
ocupó la plaza en espera de los acontecimientos, mientras los vocales criollos
de la Junta ingresaban al Cabildo para presentar sus renuncias. Los más
exaltados advertían desde afuera que el pueblo “no tolerará que se burle su
voluntad”. Los minutos pasaban y la impaciencia crecía: parte de la multitud,
que no tenía noticias de lo que ocurría en el Cabildo, golpeó las puertas al
grito de “el pueblo quiere saber de qué se trata”.
Cisneros tardó en renunciar, pero ante el hecho consumado y la falta de
respaldo militar alguno, optó por dejar el Cabildo.
El nuevo gobierno nombrado por el Cabildo fue otra junta, pero integrada por
nueve miembros: Cornelio Saavedra (presidente); Juan José Paso y Mariano Moreno
(secretarios); Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Domingo Matheu, Manuel
Alberti, Miguel de Azcuénaga y Juan Larrea (vocales). Es el primer gobierno
patrio de nuestra historia.
El repentino cambio urgía tomar medidas inmediatas. Por eso, el 27 ya se emitió
una circular con destino a las provincias en la que, después de contar lo que
había pasado, se pedía la elección de diputados para que se sumen al flamante
gobierno.
No tardaron en surgir diferencias en el seno de la Junta, sobre todo entre
Saavedra y Moreno. El primero, más cauto en sus decisiones, se molestaba con el
joven secretario por sus posturas extremistas y su aumento de poder. El
enfrentamiento terminaría al año siguiente con la ida de Moreno en misión a
Londres, y su muerte en alta mar.
Pese a que la mayoría de las provincias aceptaron con gozo la instauración de
la Junta, no tardaron en aparecer reacciones. La primera vino de Córdoba, donde
el gobernador, Juan Gutiérrez de la Concha, se negó a obedecer al nuevo
gobierno. En Buenos Aires, asimismo, las viejas autoridades del Cabildo y el ex
virrey Cisneros conspiraban en secreto. La difícil situación no dejó otro
remedio que tomar las armas para defender la revolución.
Cisneros y otros funcionarios españoles fueron apresados y enviados a España.
En forma casi simultánea una expedición partió a Córdoba para sofocar la
reacción. El jefe militar en aquella provincia era nada menos que Santiago de
Liniers, el héroe contra las invasiones inglesas, quien consideraba que los
porteños habían montado un gobierno ilegal y que eran ingratos por apartarse
de España en momentos en que está estaba invadida por Napoleón.
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Un ejército porteño, que estaba al mando de Francisco
Ortiz de Ocampo y Antonio González Balcarce, llegó a Córdoba y persiguió a
los insurrectos hasta atraparlos en Santiago del Estero. La orden era fusilar a
los cabecillas, pero Hipólito Vieytes, que actuaba como auditor de guerra,
prefirió enviarlos arrestados a Buenos Aires. Enterada la Junta de que no se
cumplieron sus órdenes, envió al vocal Castelli para que las ejecute donde
encontrase a la columna. Eso ocurrió en Cabeza de Tigre (Córdoba) , el 26 de
agosto de 1810. Ese día cayó Liniers bajo las balas de sus ex compañeros de
lucha de Buenos Aires.
Los otros dos focos de reacción eran Montevideo y Paraguay. En Uruguay regresó
de España el ex gobernador Javier de Elìo en 1811 con el título de virrey del
Río de la Plata, una designación que no fue aceptada por Buenos Aires. El
caudillo oriental Gervasio Artigas se levantó contra Elío y comenzó a luchar
contra los españoles.
En Paraguay se desconoció al gobierno porteño y se formó una Junta que fue
presidida por el gobernador Bernardo Velazco. Manuel Belgrano fue enviado a
Asunción para recuperar la plaza, pero después de ser vencido en sucesivas
batallas, terminó firmando un armisticio.
Paraguay eligió su propio camino y después de deshacerse de Velazco se dio un
nuevo gobierno en el que tomó el poder Rodríguez de Francia.
El primer gobierno criollo fue un cuerpo colegiado de nueve miembros al que en
diciembre de 1810 se unieron los representantes elegidos en el Interior.
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Presidente |
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Secretario |
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