Una
tarde lluviosa de 1810
Cuando llovía en Buenos Aires en la época
de nuestra Revolución de Mayo, las calles se convertían en un verdadero
lodazal... ¡y las mujeres, llevando esos vestidos tan grandes!
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BUENOS AIRES EN 1810
La Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo)
fue el escenario donde ocurrieron los principales hechos de la Revolución. De
aquellos viejos edificios, solo el Cabildo se mantiene todavía en pie, aunque
con tres arcadas menos de cada lado.

Buscá en el plano y averiguá quiénes vivían o trabajaban allí:
1 El Cabildo con su fachada completa. Era
la sede del
gobierno
municipal.
2 La recova dividía la plaza en dos
partes iguales. En sus galerías había
comercios.
3 El Fuerte era la sede de gobierno del
Virreinato y luego lo fue de la Junta. También albergaba a las milicias de la
ciudad. En este espacio hoy está la Casa de Gobierno.
4 El viejo edificio de la catedral, luego
demolido. En ese sitio se levanta la actual Catedral Metropolitana.
5 Casa perteneciente a
la familia Azcuénaga.
6 Vivienda del obispo
de la ciudad.
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Las calles que rodean la plaza permanecen aún hoy, aunque con distinto
nombre. ¿Te animás a ubicarlas en el plano? |
7 Casa de la familia Riglos.
8 Vivienda de la
familia Blanco Encalada.
9 Fonda de los Tres
Reyes, lugar donde se comía y se pasaba la noche.
10 Templo de San
Ignacio.
11 Vivienda del doctor
Miguel Olaguer Feliú, descendiente del antiguo virrey de ese nombre.
12 Espacio conocido como "plaza del
Mercado o del Fuerte", porque allí se comerciaba libremente todo tipo
de productos.
13 Vivienda de la
familia Escalada.
14 Casa de la familia
Balcarce.
Curiosidades porteñas
¿Creías que sabías todo sobre la vida en la
Buenos Aires colonial? Bueno, aquí tenés algunas curiosidades que seguro no
conocías…
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Los bailes |
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Las tertulias |
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El teatro |
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La ruleta |
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¿Había paraguas en 1810? |
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La farmacia |
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Los médicos |
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Las amas de leche |
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Los caballos |
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Las vacunas |
La escuela |
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Los globos aerostáticos |
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Los cafés |
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El idioma |
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La luz |
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Del tiempo de la colonia
¿Sabías que en la Capital Federal existe la
única casa que aún conserva la arquitectura original de la época del
Virreinato? Te invitamos a conocerla.
La Santa Casa
–ubicada en la esquina de la avenida Independencia y Salta– fue
fundada en 1795 por María Antonia de la Paz y Figueroa, una religiosa santiagueña
que luchó por mantener los ideales jesuíticos, luego de que la orden de los Padres
de la Compañía de Jesús fuera expulsada del Virreinato del Río de la
Plata. Esta casa, declarada monumento histórico nacional (y
donde hoy funciona un hogar que alberga a doce menores, mujeres), conserva no
solo su estructura original sino el silencio y la paz de un estilo de vida que
ya es historia. Por allí pasaron, entre otros, Doña
Mariquita Sanchez de Thompson, Manuel
Belgrano y Bartolomé Mitre.
Caminar hoy por sus patios con aljibes, celdas, capillas y galerías es como
viajar por el túnel del tiempo.
Pase
usted
El salón donde se recibían a las visitas tiene
muebles del siglo XVIII, un gran espejo de origen francés (estilo Luis XV) y un
reloj inglés de péndulo marca Gran Father de 1703 ¡que aún hoy
funciona a la perfección!
Paredes doble ancho
Los muros, de un metro de espesor (de ladrillos
asentados con barro) y sus enormes puertas de algarrobo no solo daban seguridad,
sino que resultaban un aislante térmico y sonoro.
Agua
made in casa
En los numerosos patios internos se destacan los aljibes
y una variada cantidad de árboles y plantas: limoneros, nísperos, estrellas
federales, y magnolias, claveles del aire y jazmines centenarios.
La
heladera colonial
Bajo la viga del alero de la cocina hay un gancho
y una roldana grandes. Alli
se colgaban fiambres, quesos y también las medias reses que iban cortando y
salando para que se conserven más tiempo.
A misa
Debajo del campanario (de tres campanas) que
domina uno de los patios principales, hay empotrado un
reloj de sol.
En
la palmera
Los techos de las habitaciones y galerías están
hechos de ladrillos unidos con adobe y estiércol, sostenidos por vigas de
palmera y urunday. Para conservarlos de la humedad se los unta con grasa de
vaca.
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Jesús |
Calor |
Música |
Luis Freitas. Ilustró:
Damián Zain. Fotos: Carlos Lorenz.
Autoridades del Virreinato
El Virreinato del Río de la Plata abarcaba un
enorme territorio. Como te imaginarás, gobernarlo no era nada fácil. Hacía
falta toda esta gente…

El
rey. Justamente fue un rey,
Carlos III, el que creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776. El rey vivía
en España y era la autoridad máxima.
El
Consejo de Indias. Este organismo
era muy poderoso: el tribunal supremo y, como tal, se encargaba de dictaminar
sobre los asuntos judiciales que le llegaban de las audiencias coloniales y los
que iban hacia las Indias (así se la llamaba a América) desde la Casa de
Contratación.
La
Casa de Contratación. ¿Y de qué se encargaba la Casa de
Contratación? Nada más y nada menos que de controlar los temas comerciales,
recaudar impuestos y de recibir el oro y la plata que llegaban de las Indias.

El Virrey. Era
el máximo representante del rey en las Indias. Tenía que administrar su
virreinato haciendo lo que le indicaban desde España y, cuando terminaba su
mandato, tenía que demostrar que "había hecho bien los deberes"
(a eso se lo llamaba Juicio de Residencia).
La
Aduana.Se encargaba de controlar todos los productos
que llegaban y salían del Virreinato. Como los españoles practicaban el
monopolio (las Indias sólo podían comerciar con España), la Aduana era
fundamental para evitar el contrabando.
La
Audiencia. En cierto sentido este
organismo era como el equivalente al Consejo de Indias pero en América. ¿Por
qué? Porque se encargaba de los temas judiciales y legales, aunque la decisión
final siempre la tenía el Consejo de Indias. ¡Ah! También podía reemplazar
al virrey si éste se enfermaba o moría.
El
Consulado.Tenía la obligación de fomentar el trabajo en
el campo y apoyar los emprendimientos comerciales en el Virreinato.

Gobernadores Intendentes. Como el Virreinato era
tan grande (abarcaba Argentina, Uruguay y partes de Bolivia y Brasil) se lo
dividió en ocho intendencias y cuatro provincias. Los gobernadores intendentes
administraban sus respectivas intendencias.

Gobernadores de Provincia. Las cuatro provincias
estaban ubicadas en los límites del Virreinato y siempre existía el riesgo de
que fueran atacadas por los portugueses. Por eso se nombraban militares para
gobernarlas.
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¿Quién
fue
EL
VIRREY CEVALLOS?
(1715-1778)
Pedro de Cevallos Cortés
y Calderón fue un teniente general del ejército español. Entre 1757 y 1767
gobernó Buenos Aires, y en 1776 fue nombrado virrey del Río de la Plata.
Cevallos
fue el primer virrey del Río de la Plata. Cuando estaba a punto de zarpar desde
España hacia América, con 99 barcos y 9 mil soldados, para combatir a los
portugueses que habían invadido territorio español, el rey decidió nombrarlo
virrey para darle mayor autoridad y libertad de acción. Debía instalarse en
Buenos Aires y gobernar. Y así lo hizo. Después de vencer al enemigo en el
territorio que hoy ocupa Uruguay, se dedicó a administrar la colonia. Estableció
la libertad de comercio en el puerto y entre las provincias, dio estímulos a la
agricultura y reglamentó el trabajo de los peones fijando horarios, salarios y
alimentación. En 1778 fue reemplazado en el cargo por el virrey Vértiz.
Llegada a Buenos Aires
“¡Qué
suerte!”, habrá pensado don Pedro al enterarse de que iba a ser virrey.
¿Suerte? No tanta... Cevallos fue representante del rey, pero no pudo tener un
palacio, ni tierras para trabajar, ni corte, ni lujo a su alrededor. Vivió en
Buenos Aires, en aquel momento una aldea chata al borde del río, lejos de la
sofisticación europea. Su llegada fue poco alentadora: el barco ancló a unos
kilómetros de la costa debido a la poca profundidad del río, entonces se subió
a un bote que lo llevó hasta una carreta para alcanzar por fin tierra firme. Se
instaló en una ciudad rodeada de una gran llanura, habitada por indios
hostiles, azotada por vientos que muchas veces la sepultaban, por días enteros,
en nubes de polvo.
¡Chin
chin!
Se sospecha que al llegar a Buenos Aires,
Cevallos no brindó con agua. En aquel momento se bebía agua extraída del Río
de la Plata, en ciertas ocasiones de zonas concurridas por lavanderas y bañistas,
y antes de ser ingerida debía dejarse en reposo durante al menos 24 horas para
que decantara el sedimento barroso que le daba un cierto color marrón. También
existían los aljibes, pero, como los pozos no eran profundos, el líquido
obtenido resultaba considerablemente salado.